Cobertura Verde - Parte I

La gran importancia del revestimiento vegetal en la superficie del planeta se vuelve más evidente cuando, en épocas de lluvias intensas, deslizamientos y erosiones son provocados por la ausencia del mismo.

Aunque la ausencia de este revestimiento vegetal no es la única causa de este tipo de incidentes, éste, ubicado en posiciones estratégicas sobre la superficie del terreno, proporciona buena estabilidad en lo que a erosión superficial se refiere, y una serie de beneficios ligados a la calidad del suelo, aire y especialmente del agua.

En este sentido se crearon las Áreas de Preservación Permanente (APP). Estas zonas, cubiertas o no por la vegetación nativa, tienen la función medioambiental de la preservación de los recursos hídricos, el paisaje, la estabilidad geológica, la biodiversidad, el flujo de genes de la fauna y flora silvestres, la protección del suelo y la garantía del bienestar de la población . En Brasil, las APP están protegidas por la ley desde 1965 (Ley 4771), cuando se estableció el Código Forestal.

De forma general, se consideran Áreas de Preservación Permanente a los bosques y demás formas de vegetación natural ubicadas:

1. En la cima de colinas, montañas, montes y sierras;
2. En las cuestas empinadas: laderas o partes de la ladera con más de 45° de inclinación;
3. A lo largo de los ríos y otros cursos de agua, alrededor de los estanques, lagos o embalses (naturales o artificiales) y alrededor de los manantiales.

De hecho, la preservación, o la creación de estas tres situaciones antes mencionadas tiene la función de:

1. retener y filtrar los residuos de productos químicos agrícolas, evitando la contaminación de los cursos de agua;
2. la protección de los ríos y los recursos hídricos contra la socavación y, por ende, evitar las inundaciones;
3. formar corredores ecológicos para la recuperación, desarrollo y mantenimiento de los ecosistemas y de la biodiversidad;
4. conservar el suelo en términos de estabilidad y de fertilidad;
5. ayudar en el control biológico de plagas, el equilibrio climático y en la producción de oxígeno.

En conclusión, mejorar la calidad del aire, agua y suelo manteniendo la armonía del paisaje y, así, mejorar la calidad de vida en su conjunto.